LA SOLEDAD DEL LÍDER EJECUTIVO

Los tiempos cambian permanentemente, las empresas buscan la competitividad de su sector queriendo siempre un líder que tome las decisiones adecuadas en el momento preciso y siempre guardando la confidencialidad del caso.

Ser un alto ejecutivo como lo es un Presidente o Director Ejecutivo, Gerente General u otro que está en la cúspide de su organización -posición querida por muchos y algunas veces no deseada cuando se está en ella- implica tomar decisiones difíciles en momentos determinantes, en dichas situaciones se requiere reflexionar, conversar sobre los pro y contra de su decisión en diferentes planos: empresariales, laborales, personales hasta sentimentales. Evidentemente, para que este líder pueda reflexionar de manera sincera y objetiva desde lo más profundo de su ser requiere escoger muy bien a su interlocutor y asegurarse de que este guarde la confidencialidad que el caso requiere pues muchas veces no se tiene a un par de su mismo nivel que lo comprenda en su total dimensión.   

Estas personas son humanas, tienen sentimientos y emociones por los cuales están expuestos a cometer errores también; motivo por el cual, se requiere escucharlas para tener un espacio de reflexión para la acción que sirva para minimizar o mitigar los riesgos que implican sus decisiones en las relaciones con los otros, y en especial con sus familias, que es lo que más se tiene que contener, resguardar y asegurar que todo estará bien.

Independientemente de que éstos líderes sepan que tienen muchas habilidades, experiencias y virtudes, lo más importante es que confíen en ellos mismos, estando presente en el aquí y ahora, mirando a las personas como personas y no como “recursos”, utilizando el humor, teniendo cuidado de no caer en el resentimiento, el enojo con la empresa o con alguien, descubriendo nuevas cosas, rompiendo paradigmas e incrementando el conocimiento de ellos mismos.

La soledad con la que batallan estos líderes ejecutivos es permanente y es por ello que requieren -así se nieguen a aceptarlo- de un interlocutor o receptor que le permita revisar su sistema de creencias con energía positiva potenciando su fuerza interior. Recordemos que más allá de la ética empresarial se encuentra la espiritualidad entendida como el saber honrar la vida de los otros pues frente de un jefe hay una persona y no un mero recurso o un número de legajo. Recordemos que en las organizaciones no “hay” personas, las personas “son” la organización. 

Finalmente, la soledad es algo a lo que se debe acostumbrar el líder, lo que no quiere decir que no tenga a un profesional especialista -ajeno a su sector- en apoyarlo en la reflexión de sus propios pensamientos para adoptar sus estrategias y decisiones sin ser cuestionado o criticado o peor aún estar expuesto a que se filtre la información.